Mostrar mensagens com a etiqueta História. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta História. Mostrar todas as mensagens

domingo, dezembro 06, 2009

O Indivíduo e o Cosmos: a espacialidade

Piero della Francesca(1416-1492), "Flagelação", óleo e têmpera sobre madeira, 59 x 82 cm, Galleria Nazionale delle Marche, Urbino. Um texto clássico sobre esta obra: R. Wittkower, B. A. R. Carter, "The Perspective of Piero della Francesca's 'Flagellation'", Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, Vol. 16, No. 3/4 (1953), pp. 292-302

Uno de los méritos más señalados de la filosofía y de la matemática del Renacimiento consiste en haber creado, punto por punto y en oposición a esa concepción general, las condiciones previas para fundar un nuevo concepto del espacio, para que fuera posible sustituir el espacio-agregado por el espacio-sistema, el espacio como sustrato por el espacio como función. Había que despojar al espacio de ese carácter que lo mantenía, por así decirlo, pegado a las cosas; había que despojarlo de su naturaleza substancial; era preciso que el espacio fuera descubierto como una función ordenadora libre e ideal (294). El primer paso que se da en este camino consiste en establecer firmemente la proposición fundamental de que el espacio es universalmente homogéneo; una proposición, semejante no podía tener cabida en el sistema de la física aristotélica ya que ésta establece enérgicamente entre los lugares la misma diferencia que hay entre los elementos físicos. Si un determinado elemento, de acuerdo con su naturaleza, tiende hacia arriba y otro de acuerdo con la suya hacia abajo, queda así suficientemente dicho que ese arriba y ese abajo poseen por sí mismos una condición propia, que tienen una φὑσις específica. Por el contrario, si el espacio no es pensado como compendio y suma de esas condiciones dadas, sino construido como totalidad sistemática, se impone ante todo la exigencia; de que la forma de esa construcción obedezca a una ley única y rigurosa. Por principio debe ser posible que desde todos los puntos del espacio se realicen las mismas construcciones; cada uno de ellos debe poder pensarse como punto de partida y a la vez como meta de toda posible operación geométrica. Este postulado, que aparece ya comprendido en toda su extensión en Nicolás de Cusa, sólo se cumple empero de modo verdaderamente concreto en la teoría del movimiento de Galileo. Compréndese ahora por qué en la crítica de la filosofía y de la física peripatéticas Galileo se remonta siempre a este problema medular. Es que en él se cumple nada menos que la completa inversión del concepto de naturaleza que había perdurado hasta entonces. La naturaleza ya no significa el mundo de las formas substanciales ni el fundamento del movimiento o de la inmovilidad de los elementos; la naturaleza está caracterizada ahora por esa regularidad universal del movimiento a la cual no puede substraerse ningún ser individual, cualquiera sea el modo de su constitución, porque sólo por ella y gracias a ella ese ser individual se acomoda al orden universal del acontecer. Si comenzamos por concebir ese orden como matemático-ideal, si luego lo comparamos con los datos que nos proporciona la experiencia sensible y acabamos por verificarlo en ellos, advertiremos que entre ambos órdenes existe una trabazón íntima cada vez más estrecha. Ese orden universal del acaecer, no está sujeto por principio a ninguna clase de limitación; en el mundo de Galileo no existe barrera alguna que impida que lo ideal se aplique plenamente a lo real, que lo abstracto valga plenamente para lo concreto. Así, pues, para él la homogeneidad del mundo se sigue de la necesaria homogeneidad del espacio geométrico. El movimiento deja de ser así un quale particular que se da de distinto modo en cuerpos de distinta especie; el movimiento puede determinarse ahora por una misma ley de medida universalmente válida.
Ernst Cassirer (1874-1945), Individuo y Cosmos en la Filosofía del Renacimiento, Buenos Aires, EMECÉ EDITORES, S. A., s.d. [1951], pp. 227-228, tradução de Alberto Bixio. Texto publicado pela primeira vez em alemão, Individuum und Kosmos in der Philosophie der Renaissance, Leipzig-Berlin, B. G. Teubner,1927, dedicado a Aby Warburg (1866-1929).


Alfred Hitchcock (1899-1980), Marnie, 1964, fotograma da sequência inicial

sábado, dezembro 05, 2009

O Indivíduo e o Cosmos: a Natureza e a criação artística

Leonardo da Vinci(1452-1519), "Paisagem com Tempestade", c. 1500, giz sobre papel, 200 x 150 mm, Royal Library, Windsor

Entre la creación artística de Leonardo y su obra científica existe no sólo un lazo de unión personal, cosa que se acepta las más veces, sino una unidad real y efectiva, gracias a la cual alcanza Leonardo el nuevo concepto de la conexión de libertad y necesidad; de sujeto y objeto, de genio y naturaleza. En su Trattato della pittura, Leon Battista Alberti previene al artista que en lugar de confiarse al gran modelo de la naturaleza se abandona a la fuerza de su propio genio (ingegno). El artista debe huir del camino de esos necios que, orgullosos de su talento y sin tener ante sí ejemplo alguno de la naturaleza, lo siguen con los ojos o con la mente creyendo conquistar así fama en la pintura (263). Con Leonardo, en cambio, esta oposición desaparece, pues encuentra en él su punto de equilibrio. Para Leonardo la fuerza creadora del artista tiene tanto valor como la del pensamiento teorético, como la del pensamiento científico. La ciencia es una segunda creación hecha con el intelecto, la pintura una segunda creación llevada a cabo por la fantasía (la scienza è una seconda creazione fatta col discorso, la pittura è una seconda creazione fatta colla fantasia). El valor de ambas creaciones consiste en que lejos de apartarse de la naturaleza y de la verdad empírica de las cosas, precisamente abrazan y descubren esa verdad misma. Un cambio tal en la relación entre naturaleza y necesidad no era posible mientras la oposición entre ambas fuera pensada únicamente dentro de las categorías éticas y religiosas. En efecto, aquí, en la esfera de la voluntad, se trata de una alternativa ante la cual se veía el yo moral y religioso. Podía éste elegir uno u otro de los dos puntos de vista; podía pronunciarse contra la libertad y la gracia a favor dela naturaleza, o bien decidirse a favor del regnum gratiae, de la libertad y de la providencia contra la naturaleza. Tal conflicto, empero, que por ejemplo constituye el tema capital del discurso de Pico sobre la dignidad del hombre, fue superado por Leonardo desde el primer momento. En efecto, para él la naturaleza no significa ya el reino de lo informe, de la mera materia que se impone al principio de la forma y a su dominio; no es la naturaleza lo ajeno a la forma para quien, como Leonardo, la contempla a través del arte; antes bien constituye el reino donde se dan las formas perfectas y universales. Por cierto, reina en ella la necesidad que constituye su vínculo y su regla eterna; mas esta necesidad no es la de la simple materia sino la de la pura proporción, intrínsecamente afín al espíritu. No se da la proporción sólo en los números y en las medidas; también se la encuentra siempre en los sonidos, en los pesos, en los tiempos y lugares, cualquiera sea la fuerza que los domine (264). Gracias a ella, gracias a la medida y armonía íntimas, la naturaleza queda, por decirlo así, redimida y ennoblecida. Ya no se opone al hombre como si fuera una potencia extraña y hostil a él; pues aunque para nosotros sea inagotable, aunque sea absolutamente infinita, estamos seguros de que esa infinitud no es sino la de las infinite ragioni de las matemáticas que, aunque nunca podamos abarcar en toda su extensión, podemos en cambio comprender en sus últimas razones, en sus principios. La idealidad de las matemáticas eleva el espíritu a su altura suprema y sólo gracias a ellas alcanza éste su verdadero cumplimiento y perfección; las matemáticas anulan las barreras que la concepción medieval había erigido entre la naturaleza y el espíritu por una parte y entre el intelecto humano y el divino por otra. Galileo también saca esta osada consecuencia que expone expresamente.
Ernst Cassirer (1874-1945), Individuo y Cosmos en la Filosofía del Renacimiento, Buenos Aires, EMECÉ EDITORES, S. A., s.d. [1951], pp. 203-204, tradução de Alberto Bixio. Texto publicado pela primeira vez em alemão, Individuum und Kosmos in der Philosophie der Renaissance, Leipzig-Berlin, B. G. Teubner,1927, dedicado a Aby Warburg (1866-1929).

Os números entre parêntesis referem-se às notas de rodapé, que, aqui, foram omitidas.
Um novo recurso de pesquisa foi adicionado à barra lateral de "links": Irish Art Encyclopedia, que, ao contrário do que o nome parece indicar, não se limita à arte irlandesa, mas é uma verdadeira História da Arte "online" - e muito mais.

quarta-feira, novembro 25, 2009

Uma Europa em Expansão

Iluminura do manuscrito Carmina Burana, c. 1230
SI PUER CUM PUELLA

Si puer cum puellula
moraretur in cellula,
felix coniunctio.
Amore succrescente,
pariter e medio
propulso procul taedio,
fit ludus ineffabilis
membris, lacertis, labiis.
Carmina Burana, manuscrito de c. 1230, da biblioteca do mosteiro beneditino de Benediktbeuern

Uma tradução, literal, para inglês, oferecida pelo "site" Teach Yourself Latin:
If a boy lingers with a little girl in a cellar, their meeting is fortunate. As Love increases and for both (pariter) boredom is dispatched far from their midst, an indescribable game occurs with limbs, shoulders, lips.
Em português:

Se um menino com um menina
se encontram em um quarto.
o casamento é feliz.
O amor avulta,
e entre eles
a vergonha é posta de lado
e tem inicio um jogo inefável
em seus membros, braços e lábios.

O manuscrito inclui poemas para serem cantados, de temática e autoria diversas, com uma cronologia compreendida entre os séculos XI e XIII. É o Ocidente europeu em aumento demográfico, em expansão, em abertura ao(s) outro(s), em urbanização. Lenta expansão, do local (arroteias) para o global. Abertura geográfica, mas também cultural e mental (abertura ao corpo, à natureza, à matéria - criaturas de Deus).

terça-feira, novembro 10, 2009

Manual e intelectual: Francisco de Holanda (1517-1585)

Francisco de Holanda, Da Ciência do Desenho, 1571, fol. 50 vº (s.l., Livros Horizonte, s.d., pág. 47)
Posto que minha tenção não era mais que mostrar aos portuguezes, que stão mui alheos d'isso, que cousa é a pintura, se é arte, se oficio, se é cousa nobre ou inobre, se é cousa leve e redicula, ou mui gravissima e intelectual, a qual dúvida não nasce senão entre os engenhos inobres e tristes; todavia ja que a pena tomei na mão, não me quero escusar de dar mais alguns avisos e declaração n'esta arte, assi do meu proprio natural, como da esperiencia e studo que tenho da antiguidade.
(...)
Mas tornando a sua declaração e alguns avisos que comprem á boa pintura e ao pintor, digo que a primeira entrada d'esta sciencia e nobre arte é a invençam ou ordem, ou eleição a que eu chamo idea, a qual ha de star em o pensamento. E sendo a mais nobre parte da pintura, não se faz com a mão, mas sómente com a grande fantesia e a imaginação; e d'esta quero dizer agora, porque é a primeira lux d'este negocio; e depois direi da proporção e depois do decoro, e como isto tiver dito, terei o livro acabado.
(...)
Quando o vigilante e eicelentissimo pintor quer dar algum prencipio a alguma empresa grande, primeiramente na sua imaginação fará uma idea e ha de conceber na vontade que envenção tenha tal obra. Assentará e determinará na sua fantesia com grande cuidado e advertencia a fermosura, e modo, o stado e descuido, ou a pronteza que quer que tenha aquella fegura ou hystoria que determina fazer; e depois d'elle n'esta meditação ter longamente imaginado, e engeitado muitas cousas, e escolher do bom o mais fermoso e puro, quando já o tever consultado mui bem comsigo, ainda que com nenhuma outra cousa tenha trabalhado senão com o spirito, sem ter posto outra alguma mão na obra, pode-lhe parecer que tem ja feito a môr parte d'ella
Francisco de Holanda, Da Pintura Antiga (1548), Lisboa, Imprensa Nacional, s.d., pp. 89-91

As fontes são antigas, encontram-se nos manuais de retórica (Cícero, por exemplo), mas, também, no famoso manual de arquitectura de Vitrúvio (séc. I a.C.). O século XVI dá a Holanda (1517-1585) novos modelos, a acrescentar à Antiguidade: ao seu "proprio natural", juntam-se a "esperiencia" e o "studo" do antigo - o génio individual, à Miguel Ângelo (1475-1564), o estudo do antigo, mas também a experiência dele, afastando-se de um saber meramente assente nos textos, assim se aproximando de um experimentalismo à Leonardo (1452-1519). Não é tão radical como o camoniano (1524-1580) “saber só de experiências feito” (Os Lusíadas, Canto IV), ou como o Garcia de Orta (1500-1568) dos Colóquios (1563): “Não me ponhais medo com Dioscorides, nem Galeno; porque não ey de dizer senão a verdade e o que sey” (Lisboa, Imprensa Nacional, 1987, vol. I, pág.9). Mas indica uma tendência. A formulação, por Holanda, da superioridade do artista intelectual, em detrimento do artesão, faz-se, pois, em ambiente quinhentista, juntando-se a temas novos, que inflectem e transformam, até ao "Maneirismo", o património teórico do século anterior. Tal superioridade, compreender-se-á pela leitura de Luciano (século II a. C.), não é uma opinião secundada pela Antiguidade greco-romana, à qual, no entanto, Holanda pede emprestadas as armas para defender o seu ponto de vista e cujo prestígio usa para o conseguir legitimar.

"Online" encontra-se o artigo de Joanna Woods-Marsden, "The Conception and Status of the Artist in Europe" in Jonathan DeWald (org.), Europe, 1450 to 1789: Encyclopedia of the Early Modern World, New York, Scribner, 2004, 6 vols, que oferece um plano geral sobre a questão do estatuto do artista e das artes no Renascimento.

Para uma panorâmica sobre a teoria artística dos séculos XV e XVI, no C.D. do Ar.Co encontrar-se-á o clássico de Anthony Blunt, La Théorie des Arts en Italie. 1450-1600, s.l. Gallimard, s.d., com primeira edição, em inglês, em 1940.

quarta-feira, outubro 07, 2009

2009 - 2010: um novo ano lectivo

Joseph Mallord William Turner (1775 - 1851), Rain, Steam and Speed - The Great Western Railway, anterior a 1844, óleo sobre tela, 91 x 122 cm, National Gallery, London

Enquanto na estrada se cruzam o automóvel - realização do nosso século - e o carro de bois, velho de 5000 anos, na via férrea silva o combóio que conta uma centúria e corta os ares um jacto recém-nascido. Lado a lado vogam as multisseculares faluas e quase voam as lanchas a gasolina do ski náutico, com leme que data do século XIII e motor que foi concebido ontem. Os pescadores regulam-se pelo Sol para calcular as horas do dia, ao passo que os citadinos constantemente olham para o relógio - complexo resultado do trabalho de tantas gerações de artífices, de tantos estudos de cientistas. E as nossas ideias, os nossos ritos, as nossas instituições, até os nossos sentimentos, as nossas emoções são de diferentes idades (...). Somos contemporâneos de todas épocas, vivemos em todos os países.
Vitorino Magalhães Godinho, Ensaios, Lisboa, Sá da Costa, 1968, vol. II, pág. 152.


O curso irá funcionar entre as 21 e as 23 horas, no Ar.Co da Rua de Santiago, nº 18, em Lisboa, de
7 de Outubro de 2009 a 26 de Maio de 2010. Corresponde a 64 horas lectivas - 100 créditos.

Recomenda-se a assistência à primeira aula, de apresentação, onde serão esclarecidas algumas questões teóricas (de que é que se fala quando falamos de "moderno"?) e práticas relativas ao curso e onde se apresentarão todos os seus construtores, professor e alunos, bem como a bibliografia que o apoiará.

A bibliografia também se encontra "online", sem comentários - e com recentes alterações (já incluídas na versão em papel). A versão "online" inclui obras entretanto excluídas da versão em papel e uma lista de obras existentes na internet.

segunda-feira, novembro 03, 2008

A Antiguidade como Bela Adormecida

Sandro Botticelli (1445-1510), "O Nascimento de Vénus", c. 1485, têmpera sobre tela, 172.5 x 278.5 cm, Galleria degli Uffizi, Florença

A report arose on April 18, 1485, that the corpse of a young Roman lady of the classical period--wonderfully beautiful and in perfect preservation--had been discovered. Some Lombard masons digging out an ancient tomb on an estate of the convent of Santa Maria Nuova, on the Appian Way, beyond the tomb of Caecilia Metella, were said to have found a marble sarcophagus with the inscription: 'Julia, daughter of Claudius.' On this basis the following story was built. The Lombards disappeared with the jewels and treasure which were found with the corpse in the sarcophagus. The body had been coated with an antiseptic essence, and was as fresh and flexible as that of a girl of fifteen the hour after death. It was said that she still kept the colors of life, with eyes and mouth half open. She was taken to the palace of the 'Conservatori' on the Capitol; and then a pilgrimage to see her began. Among the crowd were many who came to paint her; 'for she was more beautiful than can be said or written, and, were it said or written, it would not be believed by those who had not seen her.' By order of Innocent VIII she was secretly buried one night outside the Pincian Gate; the empty sarcophagus remained in the court of the 'Conservatori.' Probably a colored mask of wax or some other material was modelled in the classical style on the face of the corpse, with which the gilded hair of which we read would harmonize admirably. The touching point in the story is not the fact itself, but the firm belief that an ancient body, which was now thought to be at last really before men's eyes, must of necessity be far more beautiful than anything of modern date.

Meanwhile the material knowledge of old Rome was increased by excavations.
Jacob Burckhardt (1818-1897), The Civilization of the Renaissance in Italy (Die Geschichte der Renaissance in Italien, 1867), tradução de S.G.C. Middlemore, Londres, 1878.

Para interrogar o lado "necrófilo", "fantasmático" e "abjecto" do humanismo, poderá consultar-se a obra de Georges Didi-Huberman, em especial:
  • "Histoire de l'Art, Histoire de Fantômes. Renaissance et Survivance, de Buckhardt à Warburg" in Véronique Mauron, Claire de Ribaupierre, Le Corps Évanui. Les Images Subites, Lausanne, Hazan, 1999, pp. 60-71.
  • "L'Image Matière. Poussière, Ordure, Saleté, Sculpture au XVIe Siècle", L'Inactuel, nº 6, Automne 1996, pp. 63-81.
O número 31 da revista Res (existente no C.D. do Ar.Co - cota P XII 19), dedicado à abjecção, iclui contribuições especialmente relevantes para a "História da Arte". Nas aulas, foi referido o artigo de Jeffrey F. Hamburger, "To Make Women Weep: Ugly Art as 'Feminine' and the Origins of Modern Aesthetics", pp. 9-33.

Para pensar a relação entre o museu e o mausoléu (o museu e a morte), consulte-se Douglas Crimp, "On the Museum's Ruins", October, nº 13, 1980, pp. 41-57. Existe no C.D. do Ar.Co com a cota P XVII 01. O artigo seria incluído no já famoso volume homónimo (On the Museum's Ruins, Cambridge(MA)-London, The MIT Press, 1993), também existente no C.D. (com a cota 15 CRI 01).

Sandro Botticelli (1445-1510), "Cristo no Sepulcro", c. 1488, têmpera sobre madeira, 21 x 41 cm, Galleria degli Uffizi, Florença

quinta-feira, outubro 30, 2008

Um mundo em mudança: a Europa do século XII

Igreja abacial de S. Pedro, "Profeta Jeremias", pilar central (face oriental) do portal (sudoeste), s. XII, Moissac

But these are minor abuses. I shall go on to major ones which seem minor because they are so common. I say nothing of the enormous height, extravagant length and unnecessary width of the churches, of their costly polishings and curious paintings which catch the worshipper's eye and dry up his devotion, things which seem to me in some sense a revival of ancient Jewish rites. Let these things pass, let us say they are all to the honor of God. Nevertheless, just as the pagan poet Persius inquired of his fellow pagans, so I as a monk ask my fellow monks: "Tell me, oh pontiffs," he said, "what is gold doing in the sanctuary?" I say (following his meaning rather than his metre): "Tell me, poor men, if you really are poor what is gold doing in the sanctuary?"

There is no comparison here between bishops and monks. We know that the bishops, debtors to both the wise and unwise, use material beauty to arouse the devotion of a carnal people because they cannot do so by spiritual means. But we who have now come out of that people, we who have left the precious and lovely things of the world for Christ, we who, in order to win Christ, have reckoned all beautiful, sweet-smelling, fine-sounding, smooth-feeling, good-tasting things-- in short, all bodily delights--as so much dung, what do we expect to get out of them? Admiration from the foolish? Offerings from the ignorant? Or, scattered as we are among the gentiles, are we learning their tricks and serving their idols?

I shall speak plainly: Isn't greed, a form of idolatry, responsible for all this? Aren't we seeking contributions rather than spiritual profit? "How?" you ask. "In a strange and wonderful way," I answer. Money is scattered about in such a way that it will multiply. It is spent so that it will increase. Pouring it out produces more of it. Faced with expensive but marvelous vanities, people are inspired to contribute rather than to pray. Thus riches attract riches and money produces more money. I don't know why, but the wealthier a place, the readier people are to contribute to it. Just feast their eyes on gold-covered relics and their purses will open. Just show them a beautiful picture of some saint. The brighter the colors, the saintlier he'll appear to them. Men rush to kiss and are invited to contribute. There is more admiration for beauty than veneration for sanctity. Thus churches are decorated, not simply with jeweled crowns, but with jeweled wheels illuminated as much by their precious stones as by their lamps. We see candelabra like big bronze trees, marvelously wrought, their gems glowing no less than their flames. What do you think is the purpose of such things? To gain the contrition of penitents or the admiration of spectators?

On vanity of vanities, yet no more vain than insane! The church is resplendent in her walls and wanting in her poor. She dresses her stones in gold and lets her sons go naked. The eyes of the rich are fed at the expense of the indigent. The curious find something to amuse them and the needy find nothing to sustain them.

What sort of reverence is shown to the saints when we place their pictures on the floor and then walk on them? Often someone spits in an angel's mouth. Often the face of a saint is trampled by some passerby's feet. If sacred images mean nothing to us, why don't we at least economize on the paint? Why embellish what we're about to befoul? Why decorate what we must walk upon? What good is it to have attractive pictures where they're usually stained with dirt?

Finally, what good are such things to poor men, to monks, to spiritual men? Perhaps the poet's question could be answered with words from the prophet: "Lord, I have loved the beauty of your house, and the place where your glory dwells" (Ps. 26:8). I agree. Let us allow this to be done in churches because, even if it is harmful to the vain and greedy, it is not such to the simple and devout. But in cloisters, where the brothers are reading, what is the point of this ridiculous monstrosity, this shapely misshapenness, this misshapen shapeliness? What is the point of those unclean apes, fierce lions, monstrous centaurs, half-men, striped tigers, fighting soldiers and hunters blowing their horns? In one place you see many bodies under a single head, in another several heads on a single body. Here on a quadruped we see the tail of a serpent. Over there on a fish we see the head of a quadruped. There we find a beast that is horse up front and goat behind, here another that is horned animal in front and horse behind. In short, so many and so marvelous are the various shapes surrounding us that it is more pleasant to read the marble than the books, and to spend the whole day marveling over these things rather than meditating on the law of God. Good Lord! If we aren't embarrassed by the silliness of it all, shouldn't we at least be disgusted by the expense?

S. Bernardo de Claraval (1090-1153), Apologia ad Guillelmum Sancti Theodorici Abbatem, cap. XII. Os excertos a "bold" chamam a atenção para algumas das questões levantadas pelo texto que mais nos interessaram nas aulas.

O mesmo capítulo da Apologia, em francês, numa edição cibernértica das obras completas de S. Bernardo.

O mais relevante do texto citado, em português, no "blog" vizinho Histórias da Arte (apoio para os cursos do Ar.Co da Drª Manuela Braga).

O original latino.

segunda-feira, outubro 20, 2008

Manual e intelectual: o arquitecto de Alberti (século XV)

L'Architettura di Leon Batista Alberti, Florença, Lorenzo Torrentino, 1550. O desenho é de Giorgio Vasari (1511-1574)

Ma innanzi che io proceda più oltre, giudico che sia bene dichiarare chi è quello che io voglio chiamare architettore: perciocchè io non ti porrò innanzi un legnaiuolo, che tu lo abbi ad aguagliare ad uomini nelle altre scienze esercitatissimi: colui certo che lavora di mano, serve per instrumento allo architettore. Architettore chiamerò io colui, il quale saprà con certa, e maravigliosa ragione e regola, si con la mente e con l'animo divisare; si con l'opera recare a fine tutte quelle cose, le quali mediante movimenti di pesi, congiugnimenti ed ammassamenti di corpi, si possono con gran dignità accomodare benissimo allo uso de gli uomini. E a potere far questo, bisogna che egli abbia cognizione di cose ottime ed eccellentissime e che egli le possegga. Taie adunque sarà l Architettore.
Leon Battista Alberti (1404-1472), Della Architettura Libri Dieci, Proemio, pp. XIX-XX. Tradução de Cosimo Bartoli, notas de Stefano Ticozzi, ilustrações de Costantino Gianni, Milão, 1835. O De Re Aedificatoria, escrito em meados do século XV, foi o primeiro livro sobre arquitectura a ser impresso, em 1485

Nas aulas, temos utilizado a seguinte tradução do excerto mais relevante:
Creio que será útil dizer a quem, ao certo, eu reservo o nome de arquitecto: certamente, não vos apresentarei um carpinteiro, pedindo-vos que o considerem como o igual de um homem profundamente instruído nas outras ciências, se bem que, na verdade, o homem que trabalha com as suas mãos seja o instrumento do arquitecto.

segunda-feira, outubro 06, 2008

A Arte Moderna para 2008-2009

Hans Lencker, Perspectiva literaria, Nürnberg, 1567


Nunca será demais explicar o tema central deste curso: a modernidade do título não se refere ao que é contemporâneo, mas ao período que a tradição historiográfica definiu como a "Idade Moderna" e que situou entre o final da "Idade Média" e a "Idade Contemporânea". Trata-se, portanto, e de um ponto de vista da História da Arte, daquilo que começa a esboçar-se no tempo do "Renascimento" (que não é, no entanto, a única via de modernidade). Como o conceito "Renascimento" (re-nascer, voltar a nascer) indica, aquilo que consideramos novo, iniciando a "modernidade", será justificado pelo muito antigo: a herança greco-romana, "clássica". Mesmo aqui, nesta aceitação do passado há muito consagrado, se insinua uma ruptura: com o presente do "Gótico". O estudo deste despontar e justificar do "moderno" vai lançar-nos para o futuro, até ao presente, seguindo as continuidades e rupturas de um património "humanista" (ou seja: centrado no estudo "arqueológico" dos textos antigos), e vai permitir-nos olhar para o passado - um passado onde se busca uma herança legitimadora do moderno e um outro com o qual se rompe: teremos de olhar para os "Antigos", tal como o Renascimento os viu (para, depois, introduzirmos o nosso olhar contemporâneo sobre as antiguidades gregas e romanas), assim como seremos conduzidos a estudar "românicos" e "góticos", para melhor delimitarmos (entre permanências e rupturas) a modernidade.

Esta viagem faz-se através dos objectos e práticas que etiquetamos como "Arte": começaremos por ver a arte nascer. Nascer na Europa, entre os séculos XIV e XV, irmã do capitalismo, da indústria, da burguesia, legitimando a superioridade daqueles artesãos que centravam o valor da sua actividade no trabalho intelectual, por oposição ao trabalho manual. Interessar-nos-ão, exclusivamente, a pintura, a escultura e a arquitectura. E apenas as que herdam a tradição europeia, por extensões coloniais ou globalizadoras. Nada de tapetes persas, portanto.

Recomendam-se as visitas às bibliografias apresentadas neste "blog" (ver barra lateral) e ao Centro de Documentação (biblioteca) do Ar.Co. A frequência regular do "blog" é encorajada.

O curso começa dia 6 de Outubro. Todas as Segundas e Quartas entre as 21 e as 23 horas. Até 11 de Fevereiro de 2009. No Ar.Co, em Lisboa, na Rua de Santiago, 18. 64 horas lectivas. 100 créditos.


Hans Lencker, Perspectiva literaria, Nürnberg, 1567

segunda-feira, janeiro 21, 2008

O império da visão

Claude Nicolas Ledoux (1736-1806)), Teatro de Besançon, 1775-1784


According to Michel Foucault, the great project of this thought is an exhaustive ordering of the world characterized by "discovery of simple elements and their progressive combination; and at their center they form a table on which knowledge is displayed contemporary with itself. The center of knowledge in the seventeenth and eighteenth centuries is the table. ''(68). Ernst Cassirer's reading of the Enlightenment, though unfashionable now, more than echoes certain parts of Foucault's construction of "classical thought." While much Anglo-American intellectual history tends to pose an atomization of cognition in this period, Cassirer sees a Leibnizian underpinning to eighteenth-century thought:

With the advent of the eigbteenth-century the absolutism of the unity principle seems to lose its grip and to accept some limitations or concessions. But these modifications do not touch the core of the thought itself. For the function of unification continues to be recognized as the basic role of reason. Rational order and control of the data of experience are not possible without strict unification. To "know" a manifold of experience is to place its component parts in such a relationship to one another that, starting from a given point, we can run through them according to a constant and general rule… the unknown and the known participate in a "common nature."(69)


Cassirer might well have agreed with Foucault that observation in the seventeenth and eighteenth centuries is "a perceptible knowledge." 70) But it is hardly a knowledge that is organized exclusively around visuality. Although the dominance of the camera obscura paradigm does in fact imply a privilege given to vision, it is a vision that is a prlori in the service of a nonsensory faculty of understanding that alone gives a true conception of the world. It would be completely misleading to pose the camera obscura as an early stage in an ongoing autonomization and specialization of vision that continues into the nineteenth and twentieth centuries. Vision can be privileged at different his- torical moments in ways that simply are not continuous with one another. Sit- uating subjectivity within a monolithic Western tradition of scopic or specular power effaces and subsumes the singular and incommensurable procedures and regimes through which an observer has been constituted.(71) For example, Berkeley's theory of perception is based on the essential dissimilarity of the senses of vision and touch, but this insistence on the heterogeneity of the senses is remote from nineteenth-century notions of the autonomy of vision and the separation of the senses.(72) Berkeley is hardly alone in the eighteenth century in his concern with achieving a fundamental harmonization of the senses, in which a key model for visual perception is the sense of touch. The Molyneux problem, which so preoccupied the thought of the eighteenth century, poses the case of a perceiver who is ignorant of one of the languages of the senses, namely sight. The best known formulation of the problem is Locke's:

Suppose a man born blind, and now adult, and taught by his touch to distinguish between a cube and a sphere of the same metal, and nighly of the same bigness, so as to tell, when he felt one and the other, which is the cube, which the sphere. Suppose then the cube and sphere placed on a table, and the blind man be made to see: quaere, whether by his sight before he touched them, he could now distinguish and tell which is the globe, which the cube?(73)


But regardless of how the problem was ultimately answered, whether the claim was nativist or empiricist, the testimony of the senses constituted for the eighteenth century a common surface of order.(74) The problem quite simply was how the passage from one order of sense perception to another took place.(75) Or for Condillac, in his famed discussion of the senses coming to life one by one in his statue, the problem was how the senses could "reconvene," that is, come together in the perceiver.(76) But for those whose answers to Molyneux were, in one way or another, negative - a blind man suddenly restored with sight would not immediately recognize the objects before him - and these included Locke, Berkeley, Diderot, Condillac, and others, they share little with the physiologists and psychologists of the nineteenth century who were also, with greater scientific authority, to answer the question negatively. By insisting that knowledge, and specifically knowledge of space and depth, is built up out of an orderly accumulation and cross-referencing of perceptions on a plane independent of the viewer, eighteenth-century thought could know nothing of the ideas of pure visibility to arise in the nineteenth century. Nothing could be more removed from Berkeley's theory of how distance is perceived than the science of the stereoscope. This quintessentially nineteenth-century device, with which tangibility (or relief) is constructed solely through an organization of optical cues (and the amalgamation of the observer into a component of the apparatus), eradicates the very field on which eighteenth-century knowledge arranged itself.
From Descartes to Berkeley to Diderot, vision is conceived in terms of analogies to the senses of touch.(77) Diderot's work will be misunderstood if we do not see at the outset how deeply ambivalent he was toward vision, and how he resisted treating any phenomenon in terms of a single sense,.78) His Letters on the Blind (1749), in its account of Nicholas Saunderson, a blind mathematician, asserts the possibility of a tactile geometry, and that touch as well as sight carries with it the capacity for apprehending universally valid truths. The essay is not so much a depreciation of the sense of vision as it is a refutation of its exclusivity. Diderot details Saunderson's devices for calculation and demonstration, rectangular wooden boards with built-in grids marked out by raised pins. By connecting the pins with silk threads Saunderson's fingers could trace out and read an infinity of figures and their relations, all calculable by their location on the demarcated grid. Here the Cartesian table appears in another form, but its underlying status is the same. The certainty of knowledge did not depend solely on the eye but on a more general relation of a unified human sensorium to a delimited space of order on which positions could be known and compared. (79) In a sighted person the senses are dissimilar, but through what Diderot calls "reciprocal assistance" they provide knowledge about the world. Yet despite this discourse on the senses and sensation, we are still within the same epistemological field occupied by the camera obscura and its overriding of the immediate subjective evidence of the body. Even in Diderot, a so-called materialist, the senses are conceived more as adjuncts of a rational mind and less as physiological organs. Each sense operates according to an immutable semantic logic that transcends its mere physical mode of functioning. Thus the significance of the image discussed in Diderot's letters on the Blind: a blindfolded man in an outdoor space steps forward, tentatively olding a stick in each hand, extended to feel the objects and area before him. But paradoxically this is not an image of a man literally blind; rather it is an abstract diagram of a fully sighted observer, in which vision operates like the sense of touch, just as the eyes are not finally what see, however, so the carnal organs of touch are also disengaged from contact with an exterior world. Of this blind and prosthesis-equipped figure that illustrated Descartes's La dioptrique Diderot remarks, "Neither Descartes nor those who have followed him have been able to give a dearer conception of vision."(80) This anti-optical notion of sight pervaded the work of other thinkers during both the seventeenth and eighteenth centuries: for Berkeley there is no such thing as visual perception of depth, and Condillac's statue effectively masters space with the help of movement and touch. The notion of vision as touch is adequate to a field of knowledge whose contents are organized as stable positions within an extensive terrain. But in the nineteenth century such a notion became incompatible with a field organized around exchange and flux, in which a knowledge hound up in touch would have been irreconcilable with the centrality of mobile signs and commodities whose identity is exclusively optical. The stereoscope, as I will show, became a crucial indication of the remapping and subsumption of the tactile within the optical.

[Notas]
66. Martin Heidegger, "The Age of the World Picture," in The Question Concernlng Technology and Other Essays, trans. William Lovin (New York, 1977), pp. 115-54.
67. Descartes, "Rules for lhe Direction of the Mind," in Philosophical WrItings, pp. 19, 21
68. MichelI Foucault, The Order of Things (New York, 1970), pp. 74-75. On Leibniz and the table, see Gilles Deleuze, Le pli, p. 38.
69. Ernst Cassirer, The Phllosophy of the Enllghtenment, trans. Fritz Koehn and James P. Pettegrove (Princeton, 1951), p. 23. An alternative continental reading of this aspect of eighteenth-century thought is Max Horkheimer and Theodor Adorno, Dialectic of Enlightenment, trans. John Cumming (New York, 1979). For them, the quantitative "unity" of Enlightenment thought was continuous with and a precondition for the technocratic domination of the twentieth century. "In advance, the Enlightenment recognized as being and occurrence only what can be apprehended in unity : its ideal is the system front which all and everything follows. Its rationalist and empiricist versions do not part company on that point. Even though the individual schools may interpret the axioms differently, the structure of scientific unity has always been the same… The multiplicity of forms is reduced to position and arrangement, history to fact, things to maner" (p. 7).7
70. Foucault, The Order of Things, p. 132. On the problem of perception in Condillac and Diderot, see Suzanne Gearhart, Open Boundary of Fiction and History: A Critical Approach to the French Enlightenment (Princeton, 1984), pp. 161-199.
71 See Martin Jay, "Scopic Regimes of Modernity," in Vision and Vlisuality, ed. Hal Foster (Seattle, 1988), pp. 3-27.
72 Anglo-American criticism often tends to posit a continuous development of eighteenth-century thought into nineteenth-century empiricism and associationism. A typical account is Maurice Mandelbaum, History. Man and Reason: A Study In Nineteenth Century Thought (Baltimore, 1971, especially pp. 147-162. After insisling on a continuity between the thought of Locke, Condillac, and Hartley and nineteenth-century associationism, Mandelhaum concedes, "Thus, in its origins, associationism was not what James Mill and Alex- ander Bain later sought to make of it, a full-blown psychological system, serving to classify and relale all aspects of mental life; it was, rather, a principle used to connect a general epislemological position with more specific issues of intellectual and practical concern. Among these issues, questions concerning the foundations of morality and the relations of morality to religion had an especially important place" (p. 156). However, what Mandelbaum terms "a general epislemological position" is preciselyt he relative unity of Enlightenment knowledge onto which he imposes the separations and categories of the thought of his own lime. Religion, morality and epislemology did not exist as discrete and separate domains.
73. John Locke, An Essay Concerning Human Understanng, II, ix, 8.
74. For example, see Thomas Reid, Essays on the Powers of the Human Mind [178S] (Edinburgh, 1819), vol. 2, pp. 115-116: "If any thing more were necessary to be said on a point so evident, we might observe, that if the faculty of seeing were in the eye, that of hearing in the ear, and so of the other senses, the necessary consequence of this would be, that the thinking principle, which I call myself, is not one but many. But this is contrary to the irresistable conviction of every man. When I say, I see, I hear, I fed, I remember, this implies that it is one and the same self that performs all these operalions."
75. See Cassirer, The Phillosophy of the Enlightenment, p. 101. For recent discussions of the problem, see M. J. Morgan, Molyneux's Question: Vision, Touch and the Philosophy of Perception (Cambridge, 1977); and Francine Markovits, "Mérian, Diderot et l'aveugle," in J.-B. Mérian, Sur le problème de Molyneux (Paris, 1984), pp. 193-282.
76. Etienne de Condillac, ''Trailé des sensations" (1754), in Oeuvres philosophiques de Condillac, vol. I, ed Georges Le Roy (Paris, 1947-1951).
77. See Michel Serres, Hermès ou la communication (Paris, 1968), pp. 124-125; and Maurice Merleau-Ponty, The Primacy of Perception, ed. James M. Edie (Evanston, Ill., 1964), pp. 169-172.
78. On Dlderot's attitude toward the senses, see Ellsabeth de Fontenay, Diderot. Reason and Resonance, transl. Jeffrey Mehlman (New York, 1982), pp. 157-169.
79. On the persistence of Cartesianism in Enlightenment thought, see Aram Vartanian, Diderot and Descates: A Study of Scientific Naturalism In the Enlightenment (Princeton: 1953)
80. Diderot asserts that the person most capable of theorizing on vision and the senses would be "a philosopher who had profoundly meditated on the subject in the dark, or to adopt the language of the poets, one who had put out his eyes in order to be better acquainted with vision." Lettres sur les aveugles, in Oeuvres philosophiques, p. 87.
Jonathan Crary, Techniques of the Observer: On Vision and Modernity in the Nineteenth Century, Cambridge (Mass.)-London, MIT Press, 1990, pp. 57-62

A página Origins of Modern Visual Culture, de Jonathan Crary, no site da Columbia University, tem vários recursos interessantes, sendo, porém, raros os universalmente acessíveis (isto é, sem "password"). Language as Vision: The Ocularcentrism of Chomskyan Linguistics, de Chris Werry, centra a questão estudada por Crary no texto acima reproduzido no território da linguística. Poderá ser útil a consulta das notas de leitura da obra citada de Crary, por Ron Broglio e por Garnet Hertz.

Ilustração para La Dioptrique (1637), de René Descartes (1596-1650)

segunda-feira, janeiro 07, 2008

Barroco: arqueologias e circulações de um vocábulo

Bartholomeus van der Helst, "Retrato de Anna du Pire como Granida", 1660, óleo sobre tela, 70 x 58,5 cm, Národní galerie, Praga

"Si nos remontamos al primer diccionario de la lengua francesa en donde apareció el término por vez primera, en 1690 como es el de Furetière, barroco lo definía de esta manera: 'Es un término de joyería que se aplica a las perlas que no son perfectamente redondas'.

En portugués, barroco se emplea para designar la perla irregular, tal como lo dice García de Orta en los Coloquios dos Simples e drogas da Indias (10). 'Huns barrocos mal afeiçoados e ñao redondos, e com aguas mortas' coloquios fechados en 1563. Se trataba pues, de esas perlas barrocas que los portugueses cultivaban y exportaban desde Broakti o Baroquia de las Indias.

La palabra berrueco que equivale a barroco en castellano se usa también en el segundo tercio del siglo XVI, en el lenguaje de las joyerías. En el Tesoro de la lengua Castellana de Covarrubias (1611), barrueco designa a la perla irregular y berrueco denomina al peñón granítico, y de allí surge 'berrocal, tierra áspera, y llena de berruecos que son peñascales levantados en alto: y de allí entre las pérolas ay unas mal proporcionadas y por la similitud le llaman berruecos'.

Luego de estos nombres rocosos, nudosos, tumorales, quistosos y proliferantes, barroco pasó a ser una figura de silogismo. Tal vez Barroco proviene del nombre de un pintor alumno de los Carraci, Federico Barocci (1528-1612) discípulo quizás muy amanerado (Sarduy, 1972).

Ya para 1711 comienzan sus matices despreciativos, pues Saint-Simon lo utilizó en sus Mémoires con un sentido de extraño y chocante.

La misma definición que dio Furetière en su Dictionnaire Universel de 1690, fue recogida en el Dictionnaire de l´Académie Francaise en su primera edición de 1694: 'Barroco, adjetivo. Se dice solamente de las perlas que tienen una redondez bastante imperfecta. Un collar de perlas barrocas'. En la edición de 1740 introducía el sentido figurado: 'Barroco se dice también en lo figurado para lo irregular, bizarro, desigual. Un espíritu barroco, una expresión barroca'.

En la Encyclopédie, en su suplemento de 1776, firmado por Rousseau dice: 'Barroco, en música; una música barroca es aquella cuya armonía es confusa, cargada de modulaciones y disonancias, la entonación es difícil y el movimiento violento'.

Las adjetivaciones peyorativas con respecto al barroco continúan profiriéndose en 1788. Quatremère de Quince, escribe en la Encyclopédie Méthodique: 'Barroco, adjetivo. El barroco en arquitectura es matiz de bizarro y lo es en el refinamiento y en el abuso. Lo que la severidad es a la sabiduría del gusto, el barroco lo es a lo bizarro, es decir, es su superlativo. La idea de barroco entraña en sí la del ridículo llevado al exceso'.

En el siglo XVIII, Francesco Milizia privilegiando a las artes clásicas retoma las expresiones de Quatremère de Quincy para definir al barroco en su Dizionario delle belle arti del disegno publicado en 1797: 'Barocco é il superlativo del bizarro, l´ecceso del ridicolo'.

(10) Citado por Victor L. Tapié, Baroque et Classicisme, París: Le livre de Poche, Col. “Pluriel», s.f."
Alejandro García Malpica, "Teorías del Barroco", Mañongo , nº 23, Año XII, Vol. XII, Julio-Diciembre 2004

Acrescento, a propósito da citação de Orta, o "link" para uma bem equipada biblioteca de mineralogia: no "site" da Farlang - Gems & Diamond Foundation.

quinta-feira, dezembro 13, 2007

Espelhos

Jan van Eyck, "Retrato de Giovanni Arnolfini e de sua Mulher" (pormenor), 1434, óleo sobre madeira, 82 x 60 cm, National Gallery, London

"Os espelhos de vidro eram raros nos lares da classe média no tempo de van Eyck; as pessoas faziam o melhor que podiam com um pedaço de metal polido. Apenas as mais principescas residências podiam suportar o custo de um espelho plano, considerados uma valiosa raridade por serem de difícil manufactura - a base de cristal partia-se frequentemente, quando o metal líquido, muito quente, era sobre ela derramado. Teria, ainda, de passar algum tempo até ser inventada uma mistura de mercúrio e de estanho que se podia aplicar a frio. No entanto, os sopradores de vidro de Augsburgo tinham chegado a uma solução intermédia, segundo a qual vertiam uma mistura de metal - evidentemente aquecida até uma temperatura não tão elevada - sobre uma esfera de vidro, assim obtendo um espelho convexo como aquele que está pendurado por detrás dos Arnolfini.
Estes espelhos curvos eram mais baratos que os planos. Em francês eram chamados sorcières, ou seja 'feiticeiras', porque expandiam, por magia, o campo de visão do observador".
Rose-Marie Hagen, Rainer Hagen, 15th Century Paintings, Colónia, Taschen, s.d. [2001], pp. 30-31

Na net:
Um excerto do livro Glass: A World History, de Alan Macfarlane e Gerry Martin.

Uma história geral dos espelhos, compilada no site da Vision2Form Design.

Receita para fabricar um espelho côncavo, em Making a Concave Mirror Using 15th Century Technology, que serve a Charles M. Falco, da Universidade do Arizona, para sustentar o seu apoio científico ao livro de David Hockney, Secret Knowledge (2001).

sexta-feira, fevereiro 10, 2006

O segundo capítulo da modernidade

O FIM DO "CICLO CLÁSSICO"
c. 1750 - c. 1850

A ARTE E A CIVILIZAÇÃO INDUSTRIAL


Joseph Wright of Derby, Experiência com um Pássaro, 1768, National Gallery, London

O século XVIII acabará por substituir um modelo artístico único (o "Antigo") por uma multiplicidade de modelos de origens diversas. Todos se distinguem do presente (a "Antiguidade" já não é uma ressuscitada "Bela Adormecida", a mesma que os "Bárbaros" tinham morto e enterrado). Cada pólo, "classicista" ou "romântico", se multiplica em variadas opções (neo-palladiano, grego, romano, egípcio / gótico, mourisco, românico, barroquizante): o modelo único não só ganhou companhia como se dividiu internamente, sobretudo a partir da distinção entre cultura romana e cultura grega. As várias opções podem associar-se num mesmo objecto (ecletismo) ou ser usadas em objectos diferentes (o mesmo arquitecto poderá usar o modelo romano para projectar um tribunal e um modelo medieval para projectar uma igreja).

A Ciência (racional, crítica, experimental, matematizada) perfila-se como o único modelo de conhecimento. A máquina irá redefinindo a organização do trabalho e do território e transformará a percepção do mundo. A Lei substitui o Rei. A cultura responderá aceitando ou rejeitando as transformações, profetizando o Progresso ou a Decadência.

Em 1712 Thomas Newcomen patenteia uma máquina a vapor, aperfeiçoada, em 1769, por James Watt. Em 1776 as colónias americanas do Reino Unido tornam-se estados republicanos independentes - e em 1789 a França (adoptando o branco, vermelho e azul da bandeira americana - que as herdara da bandeira britânica) torna-se republicana.

Este segundo capítulo da modernidade finaliza movimentos civilizacionais começados, alguns (como a indústria), no final da "Idade Média" e inicia a destruição da civilização humanista herdada do "Renascimento" - destruição de que a "pós-modernidade" representa a consciência.

A cultura artística oscilará entre, por vezes acumulando-os no mesmo objecto, o "Neo-Classicismo" e o "Romantismo", duas faces da mesma moeda. Clique na imagem para tornar legível o confronto esquemático dos dois pólos:



Novo "link" (em "Imprensa"): Nineteenth-Century Art Worldwide, um excelente periódico sobre a cultura visual oitocentista - vem muito a propósito o artigo dedicado ao pintor Jacques-Louis David (1748-1825).

segunda-feira, janeiro 30, 2006

Objectos & Mercadorias, S.A.

Maerten Boelema de Stomme, "Natureza Morta", séc. XVII, óleo sobre tela, 73 x 96 cm, Musées Royaux des Beaux-Arts, Brussels.
Os objectos fascinam, conferem estatuto, são perecíveis e temporários - cheios de orgulho, de poder e de melancolia.

Edouard Manet, La Brioche, 1870, óleo sobre tela, The Metropolitan Museum of Art, New York.
Os objectos seduzem: apelam ao observador, para que os use (a faca pede-nos que cortemos o brioche - ou pede o brioche através da faca). E essa sedução é, aqui, feminina, feita de flores e rendas e caixinhas (uma Olímpia sobre o panejamento branco, macia como os pêssegos). Em Manet são, frequentemente, objectos de algum luxo: espargos, ostras - que confirmam um estatuto social, pelo gosto e o custo. O objecto é mercadoria e o consumo insinua-se como valor.

Tom Wesselmann, Bedroom Painting No. 13, 1969, óleo sobre tela, 148 x 163 cm., Staatliche Museen Preussischer Kulturbesitz-Nationalglerie, Berlin.
O consumo triunfou como valor cultural e social. Mesmo o humano é reduzido a mercadoria - contraponto da humanização dos objectos e da "coisificação" das relações e das qualidades abstractas (como em Marx e nos marxistas). Do retrato dos objectos para o corpo (humano) como natureza-morta.

BIBLIOGRAFIA:
Benjamin, W., A Modernidade, Lisboa, Assírio & Alvim, [no prelo].
Bryson, Norman, Looking at the Overlooked: Four Essays on Still Life Painting, Harvard University Press, 1990.
Clark, T. J., The Painting of Modern Life: Paris in the Art of Manet and His Followers, New York, Knopf, 1985.
Schama, Simon, The Embarrassment of Riches: An Interpretation of Dutch Culture in the Golden Age, New York, Knopf, 1987.

Novos "LINKS": Medieval Wall Painting e Ciudad de la Pintura, ambos em "Imagens". O último inclui obras pictóricas da pré-História à actualidade.
Em "Recursos": World Civilizations, da Washington State University, guia de textos e imagens muito generalista, incluindo civilizações antigas, não-europeias, actividades não artísticas (alguns "links", no entanto, já não funcionam).

terça-feira, dezembro 06, 2005

Nova visualidade, nova civilização

Vittore Carpaccio (1472 - 1526), Vida de Sta. Ursula: a chegada dos embaixadores ingleses, 1495-1500, Gallerie dell'Accademia, Veneza.

RAÍZES DA VEROSIMILHANÇA:
NOVA CULTURA recupera o mundo material (espaço de conquista e prazer, criatura de deus).

NOVA SOCIEDADE que não se revê no Gótico Final aristocrático: rompe com o passado recente e procura legitimidade na cultura greco-romana.

Nova cultura visual MATERIALIZA um mundo VEROSÍMIL que DÁ A VER - testemunho (religioso e laico), sonho, propaganda.

Insinuam-se desejos (verosimilhança, registo do efémero e do distante, inclusão do observador) que fundarão a fotografia, o cinema, a realidade virtual electrónica.


PERSPECTIVA LINEAR:
ESPAÇO VEROSÍMIL e COERENTE com a experiência visual quotidiana do observador (tridimensionalidade, ponto de vista único).

CONTÍNUO e INFINITO (não é delimitado e não se vê o seu fim): atravessa o suporte da imagem, unindo o cá e o lá da representação e continuando, teoricamente, para lá do campo de visão representado (em semente: a imagem representada é fragmento).

ÚNICO e IGUAL em todos os pontos.

VAZIO.

ABSTRACTO e MENSURÁVEL.

RELATIVO ao observador (a um momento de observação).


PERSPECTIVA E CIVILIZAÇÃO:
Início de uma GLOBALIZAÇÃO europocêntrica, CENTRALIZAÇÃO do poder político: um ponto organiza o espaço, todo igual perante ele.

OBJECTIVIDADE da CIÊNCIA e SUBJECTIVIDADE do INDIVIDUALISMO: regras matemáticas e arbitrariedade na escolha do ponto de vista.

MEDIR: da contabilidade comercial do Capitalismo à Ciência.

MUDANÇA: as aparências da experiêncial visual contingente substituem as essências imutáveis com lugar definido na organização do mundo; um espaço vazio e abstracto substitui um conjunto de lugares próprios.

LIBERDADE e CONQUISTA (domínio, humanização do mundo) num mundo novo em EXPANSÃO: espaço VAZIO, ÚNICO, CONTÍNUO - o lá está ligado ao cá; mover-me ali é como mover-me aqui.


F. de Holanda, De Aetatibus Mundi Imagines (c. 1543-1573), fol. 89. No sumário, no início do manuscrito, descreve-se assim o fol. 89: "O autor com o livro das idades que é este / E a malicia do tempo lho come".

TEXTOS:
" [A pintura] põe-nos diante dos olhos a imagem de qualquer grande homem, por seus feitos desejado de ser conhecido; e assi mesmo a fermosura da molher estrangeira, que stá de nós muitas legoas apartada (…). Ao que morre dá vida muitos annos, ficando o seu proprio vulto pintado", Vittoria Colonna, nos diálogos de Da Pintura Antiga (1548), de Francisco de Holanda, edição da Imprensa Nacional, pp. 246-47.

"Quando observamos (…) que os quadros acompanharam a edificação das primeiras arquitecturas, quando não as precederam, compreendemos que apoio deram aos Conselho dos Dez, empenhado em inculcar aos seus compatriotas o sentimento de grandeza da sua cidade. Os Carpaccio e os Bellini (…) estabelecem um elo concreto entre o cenário material da vida quotidiana e as lendas onde os dirigentes quiseram ver a promessa superior de destinos gloriosos. Estas obras engendram a visão de um espaço imaginário", Pierre Francastel, Peinture et Societé, op. cit. na bibliografia, p. 130.

"A perspectiva é, por natureza, uma espada de dois gumes: se cria o espaço que permite que os corpos dêem a impressão de aumentar plasticamente e de possuir movimento, possibilita também a expansão da luz no espaço e a dissolução pictórica desses mesmos corpos. A perspectiva gera distância entre os seres humanos e as coisas (…). Mas, a perspectiva elimina também essa distância, quando faz chegar até ao olhar este mundo de coisas, um mundo autónomo, em confronto com o individuo. Por um lado, a perspectiva submete o fenómeno artístico a leis constantes (…). Por outro, torna esse fenómeno contingente aos seres humanos e mesmo ao indíviduo (…). O pensamento artístico ter-se-á visto confrontado com o problema de encontrar uma forma de levar à prática este método ambivalente. Uma pergunta se impunha (…): deveria a configuração da perspectiva de uma pintura ir ao encontro do ponto de vista factual do observador?

[Fresco, 1465-74, Palazzo Ducale, Mantua, Andrea Mantegna]

(…) Será que, pelo contrário, o observador deveria (e isto seria o ideal) adaptar-se à configuração perspectiva do quadro?

[Tecto da Capela Sistina, 1508-12, Roma, Miguel Ângelo]

Considerada a última situação, outras perguntas se sucedem: Qual a melhor localização do ponto de fuga central no campo do quadro? A que proximidade, ou a que distância, deve ser medida a distância perpendicular? Será de admitir (…) a visão oblíqua do espaço total?

[Virgem na Igreja, c. 1425, Jan Van Eyck]

Em todas estas perguntas, as "reivindicações" (…) do objecto confrontam-se com as ambições do sujeito (…).
Ao transformar a ousia (realidade) em phainomenon (aparência), a perspectiva parece reduzir o divino a simples tema da consciência humana. E, exactamente por esse motivo, a perspectiva alarga a consciência humana e fá-la receptáculo do divino", Erwin Panofsky, A Perspectiva como Forma Simbólica (1927), Lisboa, Edições 70, s.d., pp. 63-67.

Natureza Morta com Crânios, 1895-1900, Paul Cézanne (1839-1906).

quarta-feira, novembro 30, 2005

Barbárie e Civilização
(História Universal, Lisboa, D. Quixote, 1979)

Celta moribundo, c. 230-220 a.C., Museu Capitolino, Roma

INDO-EUROPEUS
“Este termo, tal como o de semitas, designa um conjunto de povos que falam línguas aparentadas e não tem nenhum valor étnico ou cultural. Nasceu no nosso século XIX, a partir do parentesco das línguas célticas, itálicas, germânicas, bálticas, eslavas, helénica, arménia, indo-iranianas (…). Começou, então, a procurar-se o centro e a data de dispersão das populações que em seguida levaram as estruturas linguísticas comuns a um espaço imenso que, no 1º milénio a.C., se estende da Irlanda a Bengala. A solução parece impor-se, uma vez que os fins do 3º milénio assistem simultaneamente a migrações bélicas na Europa e à chegada ao Próximo Oriente dos povos conhecidos como falando línguas indo-europeias.
Numerosos arqueólogos fazem partir estas migrações da grande estepe euroasiática e mais particularmente da estepe pôntica (ao norte do mar Negro)”.
Vol. 1, p. 163.

POVOS “FORA DO TEMPO”
“No seu conjunto, em meados do século VI a. C. a maior parte das terras habitadas possui uma cultura bastante próxima do Neolítico, quando não fica esquecida no coração das florestas tropicais ou nas imensas extensões de continentes desconhecidos, com formas de vida rudimentares, caça e colheitas, herdadas do Paleolítico (…). Ao fim e ao cabo, não há grande diferença entre estas populações “atrasadas” (…) e as camadas rústicas das regiões ditas “civilizadas”. Com frequência, costumes e condições de vida parecem muito semelhantes e, pelo que sabemos, os estados mentais, os ritos, as crenças são análogos. Mas, em país “civilizado”, o aparecimento de poderes organizados e a urbanização foram, desde há muito, os factores decisivos duma evolução acelerada (…).
Depois da imensa actividade e das perturbações que se prolongaram até ao séc. VII, o ano 550 a. C. surge como o apogeu de um período de agitação e consolidação. Formam-se quatro grupos principais, os quais, sem se fixarem definitivamente, já não mudaram de sítio em relação aos outros. O Ocidente é dos Celtas, desde Portugal à Boémia. A Europa central reúne (…) os que serão conhecidos sob o nome de Germânicos, Bálticos, Dácios, Vénetos e Ilírios. Mais a leste, a região “pôntica” (desde os cárpatos até leste do mar Cáspio) é o domínio dos Citas, o que mais esteve em contacto com as civilizações mediterrâneas, de qualquer modo, o mais rico e o mais brilhante. Finalmente, do Norte do Tibete até aos Ordos, agitam-se os Turco-Mongóis, fazendo pressão sobre a China dos reis Tchéu em decadência”.
Vol. 2, pp. 14-16.

“BARBÁRIE” E “CIVILIZAÇÃO”: SOCIEDADE, POLÍTICA, ARTE
"Antes da penetração das influências helénicas, que contribuirão para difundir na Europa continental, essas civilizações originais favoreceram o desenvolvimento de uma certa comunidade cultural do mundo bárbaro. Seria necessário descrevê-la (…) antes das grandes conquistas da romanização (…).
Em primeiro lugar, na ordem social e política, os Bárbaros mostram-se tão indiferentes aos valores da Cidade, incarnados pelo mundo antigo nas instituições da Mesopotâmia, Fenícia ou Grécia, que são refractários à noção de Estado, presentes sob diversas formas no Egipto faraónico, na Babilónia do tempo de Hamurabi e, logo a seguir, em Roma. Em compensação, são muitos sensíveis ao sentimento de uma tradição, de uma comunidade, de uma pertença livre e ampla àquilo que se irá concretizar nas Nações (…). Por conseguinte, não é de admirar que os Bárbaros continuem mais apegados a sistemas de subordinação, fundados num laço de “clientela”, enquanto tendências “esclavagistas” assinalam o desenvolvimento do mundo oriental e greco-romano.
No domínio artístico, os bárbaros têm menos que os gregos a visão antropomórfica das coisas. Não sentem na harmonia do corpo humano e na arquitectura interna das suas formas a espécie de expressão profunda da ordem do cosmos que nele procuravam os artistas e pensadores da Hélade, talvez em consequência das especulações matemáticas e teológicas dos egípcios. Como os Sibérios e os Iranianos, preferem a figuração animal para traduzirem o mistério do mundo e se aproximarem do sobrenatural e do divino. Não hesitam em deslocá-la, em contorná-la, para inseri-la nos esquemas subtis da sua decoração linear. Quando nela integram igualmente a representação humana, é com predilecção pelo símbolo da cabeça, isolada ou desproporcionadamente grande, reduzida por achatamento quase a duas dimensões, tratada como que com desígnios geométricos.”
Vol. 2, pp. 207-209

Como orientação bibiográfica, consulte-se, também, Y. de Bonnefoy (dir.), Dictionnaire des Mythologies (...), s.l., Flammarion, s.d., existente na biblioteca (CD) do Ar.Co.

Livro de Kells, c. 800 d.C., Trinity College, Irlanda